Que el olvido no borre la historia: El legado imborrable de Fenny Goransky y el justo pedido de reconocimiento en la educación neuquina
La pionera que abrió caminos: El desembarco en Chos Malal y la fundación del CPEM N° 4
Corría mayo del año 1960 cuando la joven provincia del Neuquén daba sus primeros pasos en la organización de su sistema de educación secundaria provincial. Hasta ese momento, las oportunidades para que los jóvenes del interior neuquino continuaran sus estudios superiores a la primaria eran sumamente acotadas. En ese contexto de refundación institucional, la profesora en Lengua Fenny Goransky aceptó el desafío de dejar la ciudad de Rosario y trasladarse junto a su familia —su esposo médico y sus tres pequeños hijos— a la histórica capital del norte provincial: Chos Malal.
Con un compromiso inquebrantable, Goransky puso en marcha e inauguró en mayo de 1960 el CPEM N° 4 (entonces CEPEN N° 4), convirtiéndose en su primera directora. Las condiciones iniciales eran de una austeridad extrema: la escuela comenzó a funcionar en un local sumamente precario. Lejos de amedrentarse, la flamante directora convocó a padres y alumnos para proponerles dictar clases de lunes a sábados con el objetivo de recuperar los meses iniciales del ciclo lectivo que se habían perdido.
Ante la falta de docentes titulados en la región, Fenny apeló a la solidaridad de la comunidad profesional chosmalense: convocó a su propio esposo médico, al odontólogo de la Gendarmería Nacional, a la reconocida pintora local Clara Liptac y a distintos profesionales capacitados para dictar las materias. Además, abría de par en par las puertas de su propio hogar —ubicado en la emblemática Escuela 15— para dar clases de apoyo gratuitas de inglés a los estudiantes que ingresaban al secundario.
"Mamá era sumamente recta pero de una generosidad infinita. La casa nuestra era la casa de la escuela. Allí les daba clases de inglés a los chicos que querían aprender para el secundario", recordó su hija Ana Sitzerman en el aire de Classic Radio.
La gesta contra las "escuelas rancho": Erradicar la precariedad para dignificar al alumno del interior
Hacia finales de 1961 y principios de 1962, la idoneidad y capacidad de gestión de Fenny Goransky motivaron la convocatoria del entonces gobernador provincial para sumarse a la conducción educativa desde la capital neuquina. Posteriormente, durante las gestiones del gobernador Felipe Sapag, Goransky asumió la titánica misión de coordinar e impulsar el plan provincial de edificación escolar que buscaba erradicar de forma definitiva las denominadas "escuelas rancho".
Las escuelas rancho constituían una dolorosa realidad en el mapa neuquino de mediados del siglo XX: eran estructuras extremadamente precarias, levantadas con muros de adobe, techos de paja o chapa sin aislamiento térmico, pisos de tierra y sin servicios básicos de agua potable ni calefacción. En estos recintos rudimentarios, tanto los niños de los parajes más alejados como los maestros rurales debían soportar los rigores del gélido invierno patagónico, el viento impiadoso y la falta de iluminación adecuada.
Fenny Goransky entendió que la equidad educativa exigía infraestructura digna. Bajo la premisa de que "un niño en un paraje lejano vale exactamente lo mismo que un niño en la gran ciudad", recorrió incansablemente la compleja geografía provincial. Para llegar a los parajes más aislados del norte y la cordillera neuquina —como Butalón Norte, Loncopué, Las Lajas o Chos Malal—, debió realizar travesías a caballo y cruzar ríos embravecidos colgada de rudimentarios "cajones" o tirolesas de cable sobre el abismo.
Gracias a esa labor incansable, las precarias construcciones de barro y paja fueron reemplazadas progresivamente por edificios escolares modernos, sólidos, iluminados y calefaccionados. La construcción de estas nuevas escuelas no solo transformó el proceso pedagógico, sino que reconfiguró la vida social y comunitaria de decenas de parajes rurales, convirtiendo a la escuela pública en el centro neurálgico del desarrollo provincial.
Un reclamo justo e impostergable: Reconocimiento del CPE y la provincia
A pesar de haber sido la piedra angular del sistema educativo neuquino y la arquitecta de la erradicación de la precariedad edilicia en las escuelas del interior, el nombre de Fenny Goransky aún no ocupa el lugar de honor institucional que le corresponde en la memoria oficial de la provincia.
Durante la entrevista en Neuquén del Ayer, Ana Sitzerman visibilizó el profundo sentimiento compartido por exalumnos, docentes, auxiliares de limpieza y vecinos de toda la provincia, quienes desde el fallecimiento de la educadora reclaman una reparación histórica.
Por todo ello, se formula un reclamo explícito y fundamentado ante las autoridades del Gobierno de la Provincia del Neuquén y del Consejo Provincial de Educación (CPE):
Denominación formal del CPEM N° 4 de Chos Malal: Se solicita formalmente que el CPEM N° 4 de Chos Malal lleve de manera oficial el nombre de "Profesora Fenny Goransky". Resulta un acto de estricta justicia institucional que la institución que ella misma fundó, organizó e inauguró en mayo de 1960 como su primera directora inmortalice su figura en el frente de su edificio.
Homenaje urbano en Neuquén Capital: Como propuesta complementaria o alternativa, se peticiona a las autoridades municipales y provinciales que se le imponga el nombre de Fenny Goransky a una calle o espacio público relevante de la ciudad de Neuquén, asegurando que su legado permanezca visible en la memoria colectiva de los ciudadanos.
Iniciativa para el Día del Profesor Neuquino: Durante la emisión radial, se destacó asimismo la propuesta de vincular de manera permanente la conmemoración docente con su figura, tomando como antecedente cómo la provincia honra a sus grandes referentes culturales.
La memoria como cimiento del futuro
La historia del Neuquén pujante no se explica sin el sacrificio de hombres y mujeres que entregaron su vida para construir institucionalidad donde solo había viento y aislamiento. Las paredes de ladrillo, las aulas iluminadas y los pizarrones que hoy cobijaron a generaciones de neuquinos en los rincones más lejanos de nuestra patria chica se levantaron gracias al coraje de pioneras como Fenny Goransky.
El pedido de reconocimiento no es un mero capricho familiar ni una nostalgia del pasado: es un acto de estricta justicia histórica y gratitud colectiva. El Consejo Provincial de Educación y las autoridades neuquinas tienen hoy en sus manos la oportunidad de saldar esta deuda pendiente. Porque la memoria de quienes enseñaron a cruzar ríos para garantizar el derecho a la educación es, en definitiva, el cimiento más sagrado sobre el que se apoya nuestro futuro.
Por: JJGONZALEZ — Creador y Administrador de Neuquén del Ayer.