EDITORIAL | Más que fútbol: El miércoles no juega un equipo, juega una patria y su memoria
El destino, caprichoso y gigante, ha querido que tras dejar en el camino a Suiza, este miércoles 15 de julio nos volvamos a encontrar en una semifinal del mundo frente a Inglaterra.
Para los inventores del fútbol, quizás este partido sea apenas una revancha deportiva. Ellos miran el almanaque, recuerdan México 86 y buscan vengar una jugada, una picardía criolla que ocurrió hace exactamente 40 años. Lo ven como un asunto de reglamento, de camisetas, de noventa minutos. Qué poco nos entienden. Qué poco saben lo que late de este lado del mapa.
Una herencia que se lleva en los huesos
Para un argentino, cruzar las miradas con la camiseta británica despierta un sentimiento que no nace en la táctica de un director técnico, sino en lo más profundo del pecho. Es una rivalidad histórica, con raíces tan antiguas como aquellas Invasiones de 1806, cuando los primeros pobladores del Virreinato del Río de la Plata les demostraron a los poderosos del imperio que esta tierra no se rinde, echándolos una y otra vez a pura dignidad.
Pero, por sobre todas las cosas, este partido cala hondo porque toca nuestra fibra más sagrada, la que duele y enorgullece en partes iguales: la causa Malvinas.
Este miércoles no es fútbol, es memoria viva. Es el homenaje silencioso y eterno para aquellos chicos de Malvinas que dieron su vida en ese lejano rincón de nuestra patria, hoy bajo dominio inglés, pero que jamás pudieron arrancar de nuestra alma. Ellos no se quedaron en el pasado ni en el olvido: hoy viven en cada corazón argentino, en cada latido que acelera el pecho y en el mismísimo aire que respiramos. Su sacrificio es el combustible invisible que nos mueve cuando la celeste y blanca entra a la cancha.
El miércoles entramos todos a la cancha
Por eso, que nadie se confunda. El miércoles no van a saltar a la cancha solamente once jugadores. El banco de suplentes de la Argentina es infinito, y en ese césped sagrado va a estar la mística entera de nuestra historia:
Va a estar Antonio Rattín, estrujando aquel banderín de córner con los colores de su bandera en el 66, plantándose ante la arrogancia del poder.
Va a estar el Diego, custodiando cada gambeta desde el palco del cielo, con la sonrisa del que sabe lo que este partido significa.
Van a estar las generaciones pasadas, los abuelos que ya no están, los padres que nos enseñaron a amar estos colores, y los hijos que hoy tiemblan de emoción.
Van a estar nuestros héroes de Malvinas, los que estan, y los que hoy viven en nuestros corazones.
No va a ser un equipo contra otro. Va a ser un país entero empujando la pelota detrás de la línea. Mientras otros se alimentan de la envidia y el resentimiento de cotillón, la Argentina se prepara para otra cita con la gloria. Porque cuando juega la Selección, juega el alma de una patria.
¡Vamos Argentina, con el corazón en la mano, la memoria en el alma y la historia en los pies!
Por: JJGONZALEZ